María, 27 de abril, 2017

La tecnología es como las hamburguesas. Díselo a tus iKids ;)

Que alguien nos entienda a los padres. Seremos culpables de muchas cosas, pero es que uno ya no sabe a qué atenerse. Cada día nos lanzan decenas de mensajes contradictorios sobre cómo educar a los niños en la actualidad. En el ámbito de la tecnología, los titulares son imparables, recurrentes, casi siempre negativos y terroríficos. Hablan de los riesgos que nuestros iKids corren si usan mucho y mal la tecnología. Hablan de lo poco que los padres hacemos para corregir esta situación, de lo poco que ayudamos poniendo en sus manos un smartphone antes de tiempo, de lo perdidos que estamos en cuanto al tipo de vida digital que tienen.

Si pensamos en niños y tecnología, más nos vale asumir que es una relación que va a seguir existiendo. Podemos retrasarla y controlarla, incluso prohibirla, pero no evitarla. Nuestra vida está ligada a una pantalla y en nuestras manos está que la relación que los iKids desarrollen con esa pantalla en sus múltiples formas sea equilibrada, positiva, segura y creativa. La clave está en tres palabras: frecuencia, calidad y contenido, compañía. Con estas tres palabras en la cabeza, tenemos que ponernos manos a la obra para educar a nuestros hijos CON la tecnología en mente. Incluso con esta convicción, es difícil saber con qué quedarse, a qué agarrarse para defender lo que consideres dejar hacer a tus iKids.

Como con las hamburguesas…

Si hablo de comida rápida, todos sabemos que como norma es perjudicial (nos engorda o sube el colesterol…) pero una hamburguesa de vez en cuando no hace daño; sabemos que hay sitios en los que esa hamburguesa será más grasienta y que en otros la carne será de calidad suprema y el queso será light, incluso hay sitios en los que te servirán una hamburguesa vegetariana estupenda y sanísima; sabemos que nuestro de iKid de, no sé, 6-8-10-12-14-16 años puede tomar una hamburguesa, pero a nuestro iKid de 2 le pilla algo pequeño el tema; sabemos que si tratamos de acostumbrarles al brócoli de mayores comerán brócoli, pero no es suficiente porque es que la hamburguesa tiene una pinta… Y sabemos que no es lo mismo tomarse una hamburguesa grasienta solo, en un bar perdido, que tomarse una hamburguesa sabrosa y apetecible, en ese mismo bar perdido, pero con amigos y celebrando una buena noticia.

Así que: Frecuencia. Calidad y contenido. En Compañía.

¿Por qué digo todo esto? Porque corren por la red dos estudios recientes que dicen prácticamente lo contrario en cuanto al impacto del uso de tecnología por parte de nuestros hijos. Presentan conclusiones contradictorias. ¿O no? Veamos.

A UN LADO. Las pantallas no perjudican la salud mental del iKid

Un estudio reciente, titulado «A Large-Scale Test of the Goldilocks Hypothesis; Quantifying the Relations Between Digital-Screen Use and the Mental Well-Being of Adolescents» y publicado en Psychological Science, ha analizado el efecto del uso de la tecnología por parte de los adolescentes. La principal conclusión: las patallas no son dañinas y de hecho podrían tener un impacto positivo sobre el bienestar del joven iTeen.

La investigación ha analizado los habitos tecnológicos de 120.000 niños británicos de 15 años, separando  su tiempo de pantalla en el tipo de uso (ver TV o películas, utilizar videjuegos, utilizar ordenadores o utilizar smartphones).

  • los adolescentes que veían 4 horas de TV al día entre semana (puf, qué barbaridad) o 7 horas al día durante el fin de semana exhibían un bienestar mental igual que el de los que no veían nada de televisión.
  • lo mismo sucede con los que utilizan el ordenador como entretenimiento (buscar información, juegos, videos, programar).
  • en el caso de los que usaban videojuegos durante 6 horas o menos al día entre semana (o más en fin de semana) no exhibían efectos dañinos en términos de bienestar y salud mental.

Me sorprende del estudio que los adolescentes que utilizaban dispositivos tecnológicos durante menos horas de las que acabo de contar exhibían medidas de bienestar mental mayores que las de los chic@s que no tenían ningún tipo de vida digital. Eso sí, al pasarse de horas, está claro que el bienestar empieza a verse reducido, pero de forma mínima según eplica el estudio. Os recomiendo insistentemente leer el informe completo.

Tal y como explica Andrew Przybylski, psicólogo de la Universidad de Oxford y uno de los autores del estudio, “el impacto del uso de la tecnología durante estas horas al día (recuerdo, horas que a ti y a mí ya nos parecen excesivas) es pequeño, similar al efecto de no desayunar o no dormir ocho horas».  Y es que el tiempo de pantalla a secas es una mala expresión. Porque no es tanto «cuánto» como «haciendo qué». Como dicen los autores del estudio, “lo que se demostramos es que el tiempo de pantalla no provoca efectos positivos o negativos, sino que ambos están relacionados. No hay un efecto causal único; por ejemplo, el tiempo de pantalla puede afectar negativamente a nuestro bienestar pero también es cierto que las personas que no se sienten bien tienden a usar más sus móviles o dispositivos. Además, el tipo de uso que se esté haciendo y la atención necesitada por esa actividad digital son fundamentales para entender y evaluar el impacto sobre la salud del tiempo de exposición a pantallas». 

Me gusta el informe porque desmitifica los grandes monstruos (si se conectan abandonan el deporte y no están con sus amigos; esto es real hasta cierto punto pero simple). La investigación tiene en cuenta mucha evidencia científica y es rigurosa en las conclusiones, pero eso no significa que dejemos a los iKids estar pegados a las pantallas (entre otras cosas porque el estudio va de quinceañeros, que no son lo mismo que niños más pequeños). Sobre este tiempo de pantalla se han pronunciado muchos, incluidos los pediatras americanos (que han reconsiderado sus recomendaciones, reconociendo que en función del uso, el impacto de la vida tecnológica puede ser positive).

A OTRO LADO. Las pantallas sí perjufican la salud mental de los iKids

No me olvido de las investigaciones que demuestran lo contrario. Otro estudio, titulado «The association between electronic media and emotional and behavioural problems in late childhood» y elaborado por el Murdoch Childrens Research Institute (de Australia), concluye tras su análisis sobre casi 900 niñ@s de entre 8 y 9 años que:

  • los niños que utilizan videojuegos de forma regular (más de 2 horas al día entre semana) tienen el doble de probabilidades de desarrollar problemas emocionales y conductuales.
  • los niños que ven la televisión con mucha frecuencia (2 horas por día entre semana) tienen más problemas de hiperactividad y problemas de atención.
  • los mismos problemas NO se dan entre las niñas.
  • no existe una relación clara entre la salud mental y el tiempo que se pasa utilizando ordenadores.

Sobre adicción y uso excesivo de videojuegos, por ejemplo, ya escribí hace tiempo. No está de más que sepamos algo sobre el «botellón electrónico«.

Conclusión

  1. FRECUENCIA: si tus hijos no se derriten delante de pantallas durante horas y horas cada día, lo estás haciendo un poco bien. Sigue así. Pon normas que limiten su vida tecnológica, especialmente cuando son pequeños, de forma que se creen hábitos saludables que puedan sentar las bases de su vida digital cuando son adolescentes.
  2. CONTENIDO y CALIDAD: no son comparables estos estudios porque uno se centra en adolescentes de 15 años y otro en niños de 8 y 9 años. A los segundos cualquier cosa les impacta más y se espera que los primeros busquen contenidos mucho más específicos. El tema está siempre en controlar contenidos, saber qué consumen cuando utilizan videojuegos, ven videos o buscan en Internet. Hay que preguntar, escuchar, utilizar si te conviene los controles parentales… Se trata de fomentar un uso útil y necesario, no un simple consumo pasivo.
  3. COMPAÑÍA: no, no es lo mismo que tengan una  vida tecnológica contigo que solos (se ha visto que los más pequeños negocian su propia relación con la tecnología y esto tenemos que cambiarlo). Acompañados están mejor porque les puedes explicar qué están viendo (contenidos sugeridos en la web, promociones y publicidad en Google o YouTube, enlaces falsos…). A los quizá 15 ya no te escuchen, pero tú tendrás que seguir preguntando y confiar en que se hayan quedado con alguno de tus sermones 😉

No nos quedemos ni con la tecnología como demonio ni con el «vale cualquier cosa, total son nativos digitales». Sigamos manteniendo nuestras normas familiares (en mi caso, no hay videjuegos entre semana, la tele es con nosotros después de cenar viendo videos en YouTube, las tablets son en fin de semana…). Ejerzamos una ePaternidad activa. Pero sí podemos respirar y calmarnos un poco, porque quizá no es que estamos abocados al desastre porque la tecnología es mala y el exceso de exposición a las pantallas es mortal de necesidad. El problema es no saber encontrar el término medio y en esto sí que podemos ayudar a nuestros hijos.

Lo que está claro es que hay que ocuparse, normalizar la tecnología y asumir que forma parte de nuestras (y sus) vidas. Hay que incorporar lo digital a la educación que damos a nuestros hijos. Cuando son pequeños y hasta que entran casi en la adolescencia, tú eliges qué comen, cómo se visten, dónde estudian, dónde van de viaje… Aprendamos a elegir también cómo se relacionan con lo digital, para que aprendan a hacerlo bien (incorporando habilidades que también incluyan saber desconectar). La tecnología y las pantallas son como las hamburguesas: poco a poco, de vez en cuando, que sean buenas, se disfrutan más en compañía.

Bss,

M.

Fuente: SM y Amazon

PD. Los efectos de las pantallas se suelen tachar de «negativos» porque quitan espacio a la actividad física, a estar con amigos o familia, a leer… el estudio del que hablo hoy en primer lugar analiza una teoría alternativa a la que llaman «hipótesis Ricitos de Oro (Goldilocks) digital«, que considera que el uso de la tecnología en niveles moderados no es intrínsecamente dañino para los niños (Etchells, Gage, Rutherford, & Munafò, 2016; Parkes, Sweeting, Wight, & Henderson, 2013; Przybylski, 2014) sino incluso ventajoso, aunque el uso excesivo sí reemplaza a otras actividades necesarias para el niño, interfiriendo además con su vida académica (Valkenburg & Peter, 2009). En el cuento, Ricitos de Oro identifica la moderación (en gachas y camas) como «lo correcto». Así, «demasiada poca» tecnología limita a los niños en su acceso a información fundamental y «demasiada» tecnología reduce la posibilidad de hacer cosas que también son necesarias. Me encanta la teoría Ricitos de Oro. Voy a leerle con iLast el cuento esta misma noche…

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