María, 14 de diciembre, 2023

Una tormenta perfecta: niños, móviles, colegio, prohibir.

Llevamos semanas siendo testigos de la eclosión de un debate intenso y necesario en relación con menores y móviles. A raíz de un grupo de padres y madres que inició un movimiento para demandar medidas que garanticen que se retrase la llegada de los móviles hasta los 16 años, la discusión se ha ido encendiendo. En esa discusión se habla de muchas cosas muy distintas:

  • la necesidad de resistir la presión social impuesta por familias que dan móvil a sus hijos demasiado pronto.
  • la necesidad de proteger a los menores del impacto de móviles (y lo que contienen o facilitan esos móviles: chats, redes sociales, contenidos inadecuados en Internet).
  • la evidencia sobre cómo los móviles distraen a los menores durante la jornada escolar. Los resultados del último informe PISA -que hablan, entre otras muchas cosas, del móvil como elemento distractor- se han sumado a la conversación. Esos resultados, por peores, también se utilizan -por algunos- para justificar que desde que se utiliza tecnología en las aulas los alumnos aprenden menos.
  • la supuesta recomendación de la UNESCO de prohibir móviles en colegios, a partir de su informe GEM sobre ‘Tecnología en la Educación’. Esta recomendación no existe; el informe observa y recoge que en distintos países se regula el uso del smartphone personal en los colegios y que esto es positivo porque reduce distracciones. En cuanto a la tecnología educativa, lo que el informe propone es ‘replantear la implantación de tecnología como soporte pedagógico para que cumpla siempre parámetros de pertinencia, equidad, escalabilidad y sostenibilidad’. Es decir, que sirva para algo porque su implementación esté basada en pedagogía, metodología, currículo y evidencia.

Existe un proceso activo de búsqueda de Pacto de Estado muy vinculado a este debate, que persigue, en general, ‘proteger a la infancia’. Se han compartido distintas declaraciones, manifestaciones y decisiones -desde Andalucía, Madrid o AEPD, por ejemplo- y la última noticia es la del Gobierno, que primero dijo ‘no se pueden poner puertas al campo’ y ahora anuncia que propondrá a las CCAA que se regule el uso del smartphone personal de los alumnos en los centros educativos. Regular, no prohibir. Con matices y excepciones. Diferenciando por niveles educativos. Buscando un consenso.

Esta regulación ya existe. De forma más o menos oficial según CCAA y de manera más o menos explícita según centros educativos por toda España. Que el alumno saque su móvil personal para chatear en mitad de la clase de Matemáticas, por ejemplo, es considerado incumplir una norma.

En realidad, el problema que tenemos es que todo esto no es un debate. Son varios.

¿Queremos regular el uso del smartphone personal de los estudiantes durante la jornada lectiva?

¿Queremos una ley que prohíba que los menores de 16 años tengan smartphone?

¿Queremos que no haya tecnología digital en la escuela para volver a papel y lápiz?

¿Queremos evitar el acceso de menores de edad a plataformas o contenidos dirigidos a adultos?

¿Queremos que no se pueda acceder a Internet hasta los 18?

¿Queremos que se prohíban por ley la pornografía o el acoso?

Podría seguir. Porque esto de ‘proteger a niños y adolescentes’ del impacto de las pantallas es un cajón de sastre casi infinito. ¿Qué queremos realmente? ¿Y por qué lo queremos?

El debate es necesario, porque claramente un niño de 9 años no necesita ni sabe gestionar un smartphone con conexión 24/7 a Internet y acceso a redes sociales. Y porque claramente una niña de 12 tampoco necesita ni sabe gestionar un smartphone con conexión 24/7 a Internet y acceso a redes sociales.

De ahí a que necesitemos una LEY que nos diga cuándo dar un móvil a nuestros hijos y de ahí a que mezclemos en el mismo debate varios temas complejos como si fueran uno solo y sencillo, hay un mundo.

  • Porque un smartphone no viene de serie con redes sociales o chats ya instalados.
  • Porque hasta los 14 años podemos darles un móvil configurado con cuenta de usuario de menor de edad para que no puedan decidir ellos solos qué se instalan o cuánto lo usan.
  • Porque un smartphone puede no tener datos ilimitados y puede no tener acceso infinito a las wifis de casa o del mundo entero.
  • Porque un niño de 12 años no puede ir a una tienda solo y comprarse un móvil.
  • Porque necesitar una ley para resistir la presión social ejercida por familias que dan un móvil demasiado pronto a sus hijos es decirle a TUS HIJOS que la forma de resistir la presión social es DEMANDAR QUE EL ESTADO ELIMINE ESA PRESIÓN SOCIAL para que tú puedas seguir viviendo tranquilo.
  • Porque a mí me llaman del colegio de mis hijos para decirme que se han puesto a mirar Instagram en su móvil en clase de Matemáticas y el menor de los problemas de mis hijos es el impacto de móvil o redes en su bienestar emocional. En Primaria mis hijos no tienen móvil; en Secundaria lo tienen, pero hasta 3º no lo llevan al colegio. Y si lo llevan por alguna razón, modo avión al entrar. Y luego, avión o silencio.
  • Porque si las normas de un centro educativo dicen que no se puede usar el móvil personal en clase o en el recreo y el menor lo hace, lo que está haciendo es incumplir una norma y tendrá que asumir -nosotros también como padres- las consecuencias de esa falta de conducta. Decenas de veces he estado en colegios en los que me dicen que cuando confiscan un móvil por esas faltas u otras, son muchos los padres que reclaman y se quejan de la medida.

¿Dónde se piden leyes que prohíban que padres y madres deleguen en leyes tareas que pueden y deben hacer ellos, como por ejemplo decir a sus hijos que no saquen el móvil personal durante el horario escolar?

Y, ¿dónde se piden leyes que garanticen que las familias tenemos información sobre, por ejemplo, cómo configurar un móvil cuando es para un menor de edad?

¿Es en un grupo de WhatsApp donde se pide eso?

¿Qué necesitamos realmente las familias?

Claro que necesitamos que se replantee cómo y para qué se utiliza tecnología en las aulas. Claro que necesitamos debatir de qué manera introducir a los menores en la tenencia de un smartphone. Claro que necesitamos invertir recursos en formar a las familias sobre cómo gestionar la tecnología digital en sus casas (digo formar, no asustar). Claro que necesitamos más y mejor evidencia científica sobre el impacto de lo digital en nuestros hijos. Claro que debemos exigir a plataformas que mejoren los sistemas de verificación de edad, para que un niño no pueda accer a según qúe contenidos. Y claro que debemos proteger a niños y adolescentes, en la medida de lo posible intentando proteger y también preparar.

En fin. Complejo. Que no te convenzan de que es tan sencillo ‘solucionar’ todo esto, ni de que se trata de un único debate.

Besos,

M

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