María, 25 de junio, 2018

Educar en tiempos de Internet: tormenta perfecta de prejuicios y ‘tech shaming’

Prácticamente a diario leemos o escuchamos noticias que tienen que ver con el impacto de Internet en nuestras vidas. Estamos ‘demasiado pendientes del móvil’, ya ‘no hablamos cara a cara’, todo lo hacemos mirando a una pantalla, las máquinas están conquistando la sociedad, estamos acabados. Y si nos centramos en el uso que hacen de la tecnología niños y adolescentes, en cómo les educamos para se relacionen con el mundo digital, entonces ya es como para ni siquiera intentar educar.

  • Nos juzgan (nos juzgamos mutuamente) por un lado: somos malos padres y malas madres porque, cuando los iKids son pequeños, los ‘plantamos’ horas y horas delante de YouTube -cual ‘niñera tecnológica’-, los distraemos con pantallas para que coman o ‘no molesten’, nos creemos todas las teorías sobre ‘lo importante que es que aprendan a usar la tecnología para poder desenvolverse en el futuro’. No dejamos que los niños sean autónomos porque intervenimos en sus vidas vía grupos de WhatsApp y no dejamos que crezcan en el anonimato porque nos pasamos el día enseñando sus caras en nuestras redes sociales. Cuando son mas mayores, les compramos un móvil y nos da igual lo que hagan con él, instalamos un control parental para no tener que preguntar directamente qué hacen nuestros hijos en Internet, dejamos de hablar en las cenas porque estamos todos mirando al smartphone en cuestión y además damos un ejemplo pésimo porque gestionamos fatal nuestros datos personales, así que ellos nos copian y lo hacen también muy mal.
  • Nos juzgan (nos juzgamos mutuamente) por otro lado: somos malos padres y malas madres porque, cuando los iKids son pequeños, ‘somos unos talibanes o unos ingenuos’ porque no les dejamos usar ni una sola pantalla, lo prohibimos todo y preferimos que solo se entretengan con juguetes de madera; en casa no entra ni una app y padre/madre somos 100% analógicos porque no nos gustan estos tiempos conectados en los que se pierde la dimensión de la interacción personal y en los que la Red ha multiplicado por mil los peligros. Y cuando nuestros hijos son más mayores, los videojuegos están prohibidos porque causan adicción, tener móvil a los 11 nos parece de mala educación, el cíber acoso es el peor enemigo de la infancia y todo lo que los iKids vayan a ver online es una pésima influencia sobre su inocente adolescencia. Odiamos que haya proyectos tecnológicos en los colegios porque se ha perdido el espíritu de la docencia de toda la vida y en casa nadie va a tener perfil en redes sociales hasta que se cumplan los 18 años.

En esto que yo suelo llamar ePaternidad -ePaternidad y eMaternidad, porque también nos juzgan si no marcamos la diferencia de género y nos juzgan si la marcamos-, a padres y madres nos dividen en tres categorías:

1) enablers o permisores: permitimos a los iKids tiempo de pantalla ilimitado y acceso libre a dispositivos, confiando en su experiencia y responsabilidad.

2) limiters o limitadoresintentamos limitar la influencia y el impacto de los medios y la tecnología, al maximo, a través de normas sobre tiempo, o con filtros o rechazando la tecnología en general.

3) mentors o mentores: asumimos un papel activo en la educación digital de nuestros hijos y su convivencia con la tecnología, animándoles a usarla de forma positiva y reconociendo el mundo digital en que vivimos.


Seas como seas, lo estás haciendo mal. Estás educando a tus hijos en tiempos de Internet y lo estás haciendo mal. Lo haces mal si les dejas y lo haces mal si no les dejas. Te equivocas si te crees la evidencia social y científica positiva y te equivocas si te crees la evidencia social y científica negativa. Cometes un error si les das un móvil a los 11 años y cometes otro error si los aíslas de las redes sociales hasta los 17. Te juzgan los de un lado y los del otro. La culpa del cambio en cómo son infancia y adolescencia es, en primer lugar, de Zuckerberg y, en segundo lugar, de nosotros los padres.


Los anglosajones, que inventan palabras para todo, llaman a esto ‘tech shaming‘. Lo de ‘shaming’ tiene una connotación negativa porque apela a sentirse avergonzado de ‘estar haciéndolo mal’ porque ‘hay una forma de hacerlo bien y la estás ignorando’.


En tiempos súper ‘infoxicados’, en los que nos llegan opiniones y recomendaciones sobre todo a todas horas, este ‘shaming‘ es una tónica de la paternidad (y la maternidad). Creo -creo, creo, porque no soy experta en nada- que sobre todo para las madres, que somos muy dadas a cuestionarnos si ‘lo estamos haciendo bien’. Nos dicen que es fundamental que los iKids coman de forma saludable, que hagan ejercicio, que tengan extra escolares que fomenten la creatividad pero no demasiadas para que siga habiendo tiempo para el aburrimiento. Nos invitan a pasar tiempo con los iKids al tiempo que decidimos si perseguimos una carrera profesional fuera de casa o no y al tiempo que nos planteamos nuestra propia opinión sobre la conciliación -y alguien habrá que te juzgue al respecto-. Nos hablan de cómo potenciar talento, sociabilidad, tolerancia, resiliencia y paciencia en tiempos de Amazon. Está de moda eso de juzgar a los demás por cómo deciden educar a sus hijos, en general y también en lo que tiene que ver con las pantallas.


Pero oye, es que resulta que somos distintos. Que cada familia es un mundo y cada iKid de una misma familia es un mundo. Y resulta además que los tiempos en los que vivimos son… los de Internet. Resulta que las pantallas no hacen milagros y tampoco son el demonio. Resulta que ponerle de vez en cuando un video al iKid mientras merienda no le hace dejar de desarrollar su atención voluntaria. Resulta que tres horas de videojuegos un sábado no le hacen adicto. Resulta que hay niños en familias muy tecnológicas que van aprendiendo a hacer las cosas bien y que hay niños en familias muy analógicas que son bastante poco empáticos con el prójimo. Y hay niños ‘muy conectados’ descontrolados y niños ‘sin pantallas’ estupendos. Resulta que tu iKid no perderá el tren del futuro laboral aunque no sepa programar. Resulta que si tú decides prohibir pantallas y otro decide permitirlas ninguno de los dos es peor padre.

Porque lo que cuenta es lo que rodee a las pantallas, la manera en la que incorpores esa tecnología al resto de la educación que des a tus hijos. En valores, a tu manera, con tu ritmo, de acuerdo a quiénes son y cómo son tus iKids.

Estamos haciendo lo que podemos. Adaptándonos a la tecnología y criando a unos niños que crecen sin un manual de instrucciones específico sobre “lo digital”. Y es imposible pararse a pensar en cómo hacerlo si lo que manda es el prejuicio, la crítica y la creencia de que haya una sola forma de educar bien.


La irrupción de Internet ha cambiado nuestras vidas. Yes. Pero ha habido muchos otros cambios en las últimas décadas que también han modificado la forma de educar. Cambios en la percepción sobre la autoridad, sobre la perspectiva de género y los roles de hombre y mujer, sobre qué es una familia o qué es aceptable socialmente o no. Cambios en la seguridad -o falta de ella- en cuanto a economía y empleo. Cambios en la consideración de cómo debe ser la relación entre padres e hijos.

Lo que sigue siendo importante, especialmente porque estamos más ‘conectados’ que nunca, es qué tipo de personas somos.

Este blog que visitas de vez en cuanto es una de esas fuentes de información que hablan de cómo ser padres y madres hoy. Mea culpa. Y mi único empeño es conseguir que sea un sitio en el que no se juzgue ninguna postura y en el que la clave sea normalizar la tecnología e informar a las familias sobre la realidad digital de forma práctica y comprensible, para que después cada uno haga lo que le dé la gana. Respetando a los que educan distinto, siempre y cuando haya límites respecto a hacer daño a los demás o hacerse daño a uno mismo.


Sobre contribuir a suavizar el shaming (tecnológico o del tipo que sea): 

  • Entender que cada generación es SIEMPRE una influencia sobre la siguiente. Lo que no significa que las ideas nuevas sean mejores o peores que las antiguas. Yo tengo 3 iKids y cada uno necesita una madre diferente en muchas cosas, por carácter, por aficiones, por edades y por su relación con las pantallas. Así que trato de ser consciente de mi influencia, sin tampoco ser esclava de mis hijos. Y si otra madre lo hace de manera diferente, pues fenomenal (salvo que por el camino mis iKids resulten perjudicados personalmente como resultado del otro iKid).
  • Intentar asumir lo mejor de la persona que tienes en frente -o al otro lado de la pantalla-. Sin juzgar a cada paso. Y asumiendo también lo mejor de nuestros iKids -que no nacen para usar bien o mal la tecnología, sino que aprenden por el camino-. Me sorprende ver cuánto se critica a los jóvenes por ser esclavos del like o por insultar a través de redes sociales. La realidad es que muchos adultos también planifican estratégicamente sus fotos en Instagram porque el chute de placer por cada like existe. Y muchos, muchos adultos somos también esclavos del titular ‘viral’, ese que te obliga a hacer click porque es tan sensacionalista -hacia lo bueno o lo malo- que no te deja ni pensar en la verdad de lo que cuenta. Si eres padre o madre y lees a otro padre u otra madre -o a un experto o a un periodista- que se expresa sobre la realidad de la educación, mejor no pensar que con su comentario te está quitando a ti la razón. Quédate con lo que te sirva para reflexionar y sigue adelante con tu misión.
  • Respetar incluso al que piensa diferente. En creencias, en filosofía de vida y amor, en tendencias políticas o en educación y pantallas. Casi nada es blanco o negro. Porque si queremos educar en la tolerancia y el respeto tenemos que empezar por nosotros mismos. Y lo que más vemos en esas pantallas es adultos que ante alguien diferente reaccionan con prejuicios y negatividad. Sólo hay que darse un paseo por Twitter, Facebook o Instagram para comprobarlo. Y sin embargo esas redes están también llenas de interacciones maravillosas; pero claro, eso no sale en las noticias.
  • Escuchar y aprender. Podemos aprender unos de otros, sobre valores del que nos saca años o sobre trucos digitales del que es más joven -y esto es un tópico, porque los iKids usan tecnología pero no suelen tener ni idea de cómo funciona esa tecnología que usan-. Si sabemos sobre nutrición, es probable que nuestros hijos coman sano. Y si tenemos cierta cultura digital, es probable que nuestros hijos la hereden. En fin: aprender (juntos) es bueno. Y luego en tu casa lo aplicas de acuerdo a tu forma de ver la vida.
  • Quedarse con lo que tenemos en común. Todos -padres y madres a cada lado de la balanza de la educación digital- hacemos cosas que podemos compartir. Y a veces son lo mismo pero en diferente formato. Así que quizá es el formato lo único que nos diferencia…
  • Mantener despierto el sentido del humor. El presidente del Michigan Savings Bank dijo en una ocasión que ‘el caballo siempre existirá, pero el coche es sólo una novedad, una moda pasajera‘. Pero el automóvil perduró. Y en 1966, la revista Time publicó que ‘la compra a distancia, aunque posible, no se mantendrá mucho tiempo porque a las mujeres les gusta salir de casa, tocar los productos y pensar antes de comprar‘. Y ¿la televisión? El inventor Lee DeForest la llamó “algo imposible, un avance en el que mejor no debemos perder tiempo pensando en cómo desarrollarlo“. Nunca sabemos qué quedará y qué pasará. Por si acaso, aprovechemos los avances y sobre todo eduquemos para lo que existe hoy. Con humor.

Que no se me olvide terminar diciendo que no hace falta conseguirlo todo, que no se puede ser perfecto y que se hace camino al andar 😉

Basta de críticas y prejuicios. Estamos todos en el mismo barco.

Besos,

M.

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